31 de enero de 2012

¿Qué es la actitud?

La actitud es la forma que tenemos de mirar la vida, el cristal a través del cual miramos lo que nos rodea. Es lo que nos hará interpretar la vida, las situaciones, de una forma determinada. Pese a que parece que esta actitud viene con nosotros, desde el nacimiento, lo cierto es que la hemos aprendido.
No somos conscientes de cuando, ni dónde, ni quien nos enseñó a mirar de determinada manera. Pero el hecho es que aprendimos.
Hasta aquí no habría problemas si no fuera porque esa actitud, esa forma de mirar la vida nos va a ayudar, favorecer, hacer que nuestra vida destile positividad o bien nos dificulte, nos angustie e incluso nos paralice por el miedo que nos produce.
Pensar es gratis: da igual pensar de una forma más positiva o menos positiva. Al final, lo que tenga que ser será. Pero si en la espera, hasta que ocurra lo que quiera que sea, estoy bien, mi emoción, mi vida, mis sensaciones serán más positivas que si auguro lo peor y cuando aún no ha pasado nada, me siento angustiada, inundada por el miedo y paralizada ante lo que se me avecina. Aquí es donde entra en juego la actitud.
No puedo controlar mi vida al milímetro y claro que me pueden pasar cosas malas (de hecho me pasan) y puedo estar recordando constantemente lo malo que me ha ocurrido (con lo que mal vivo mi presente) o puedo estar constantemente pensando en lo malo que me podrá ocurrir (con lo que mal vivo mi presente). Lo único que tengo es el presente: el pasado ya se fue y el futuro no ha llegado. Si mi presente lo mal vivo ¿qué me queda? viviré con angustia, estaré atenazada por el miedo y, sobre todo, será muy complicado que me atreva a lanzarme a nuevos proyectos porque estaré con una energía limitada debido al desgaste que tengo por todo el malestar que siento.
El plantearnos que podemos cambiar nuestra actitud, nuestra forma de ver el mundo es un reto personal que conlleva esfuerzo, empeño y mucho tesón. Lo bueno es que no es imposible. Teniendo la ayuda de un buen profesional que nos ayude a contemplar nuestras creencias (entramado que conforma nuestra actitud ante la vida), revisarlas, actualizarlas, ponerlas en cuestión, nos permitirá realizar una transformación de dicho entramado, de ese conjunto de creencias que nos hace vivir la vida de una manera dolorosa, a otra más funcional.
Animarte a cambiar la actitud, animarte a cambiar ese conjunto de creencias que te atenaza y te hace sufrir la vida, es animarte a mejorar tu vida y tu estado de ánimo. Apuntarte a una mejora personal es conseguir un crecimiento personal.

26 de enero de 2012

¿A qué le tengo miedo?

¿Qué es lo que me produce miedo? ¿por qué a veces tengo miedo a cosas que no son objetivamente temibles?
Es normal tener miedo a ciertas situaciones, objetos, etcétera porque en nuestra información transmitida a través de la palabra, el aprendizaje vicario (lo que hemos visto que les ha ocurrido a otros) o el aprendizaje directo (nuestra propia experiencia) tenemos interiorizado que ponen en peligro nuestra integridad física, nuestra vida. El fuego, las fieras salvajes, las armas, nos suelen poner en alerta porque 'sabemos' que ponen en peligro nuestra integridad física. Por lo tanto vemos normal que se nos dispare el sistema nervioso y se nos precipite la respuesta de ataque o huida para ponernos a salvo.
El problema viene cuando esta misma respuesta aparece en situaciones que sabemos que no son amenazantes: conducir, andar por la calle, los perros, alejarnos de nuestra casa, la oscuridad... Cuando ante estas situaciones se nos dispara el sistema nervioso, no sentimos que objetivamente debamos tener miedo por lo que la explicación será que algo anda mal en mi. Las sensaciones físicas y psíquicas que acompañan a esa respuesta de ataque o huida se interpretan como síntomas, como la manifestación de algo que ocurre en nuestro interior. Entonces no sólo tendré miedo a esas situaciones sino también a las sensaciones que siento en mi cuerpo: tendré ansiedad por tener ansiedad. Aquí es donde se dará el 'círculo vicioso de la ansiedad', un aumento de la ansiedad por tener ansiedad, un miedo a sentir miedo. Un efecto multiplicativo de la ansiedad.
Es entonces donde por medio de la terapia se debe dar sentido a todo este proceso, romper el círculo vicioso y así irán remitiendo los síntomas, es decir, el sistema nervioso se irá calmando cuando entienda que no es necesario disparar la respuesta de ataque o huida porque realmente nuestra integridad física no se ve expuesta y no siento miedo ante los síntomas físicos que voy experimentando.

22 de enero de 2012

Cuando sientes, has pensado.

Tenemos la sensación que lo que sentimos viene de fuera de nosotros: el otro me pone nervioso, me enfada, me hace sentir mal, me agobia, me alegra, me hace feliz... No voy a negar que desde fuera nos vienen los estímulos que sentimos pero se necesita de nosotros para que ese estímulo se convierta en sensaciones. Tenemos que interpretar lo que vivimos para sentirlo. Sólo los arcos reflejos no necesitan de nuestra interpretación: un pellizco duele pensemos o no.
Cuando nos ocurre algo, vivimos algo, ahí está nuestra mente interpretando, sacando conclusiones, buscando en nuestra memoria experiencias anteriores, hablándonos sobre lo ocurrido o, más allá, de lo que ocurrirá. Y debido a todo este diálogo interior es por el que sentimos.
Ante un mismo hecho, si pensamos cosas diferentes, nuestro sentimiento será diferente. Ante un mismo suceso si hemos o no tenido experiencias previas, nuestros sentimientos serán diferentes.
Nuestra mente intenta ayudar; aunque a veces lejos de hacerlo, nos aturde, nos provoca tal cascada de malas sensaciones y sentimientos que nos paraliza. Su misión es ser rápida, acudir en nuestra ayuda al instante. Para ello ha ido realizando automatismos que agilizan su velocidad: cuando algo lo he vivido y repetido (de forma más o menos idéntica) la mente lo automatiza, lo registra de tal manera que sin parecer que pensamos, nos habla y de esa información sentimos, actuamos.
Pensemos en el acto de conducir: cuando somos novatos, la mente (la parte audible de nuestro cerebro) la oímos hablarnos, dándonos órdenes de qué debemos hacer para conducir correctamente. Este diálogo es de tal calibre que no podemos atender a otros estímulos: no escuchamos la radio, no vemos el paisaje, no podemos conversar con los otros pasajeros. Cuando este acto de conducir lo repetimos y repetimos, nuestra mente lo pasa a un automatismo, de tal manera que nos deja la mente (la zona audible de nuestro cerebro) libre para pensar en otras cosas que conducir, mirar el paisaje, conversar con los pasajeros, escuchar la música de nuestro equipo, sin que por ello nuestra conducción sufra ningún detrimento.
¿Cómo lo hace? Desde otra zona, más oculta, no audible, nos manda las instrucciones necesarias para que nuestra conducción sea eficaz. Por eso, a veces, llegamos a nuestro destino sin sentir que hemos conducido o no sabemos en qué marcha vamos si nos lo preguntaran.
Estos automatismos nos facilitan la vida, nos permiten no tener que estar en constante diálogo interior para saber qué hacer, cómo hacerlo y qué consecuencias tendrá. Nos libra de tener que ser conscientes de muchas actividades cotidianas: lavarnos los dientes, ducharnos, poner la cafetera, coger el ascensor, conducir, cerrar el gas, cerrar la puerta de casa, la del coche...
Pero por ese mismo sistema de automatizar series de pensamientos que nos llevan a realizar una acción o provocarnos una emoción y que agilizan nuestra vida, la mente también automatiza otros pensamientos que no facilitan nuestra vida, más bien nos la perjudican. La mente no tiene criterio para decidir qué es funcional o no para nuestras vidas: sólo siente que lo repite, por lo tanto decide ¡debe ser útil!
De esta forma se van integrando en nuestro repertorio de automatismos, redes de pensamientos (pensamientos enlazados) negativos (que nos provocan malestar) y que van a aparecer de forma automática (sin que medie nuestra voluntad) cada vez que la situación se parezca a aquellas que dieron origen al automatismo.
Hablaremos de estos pensamientos negativos y de qué podemos hacer con ellos en el próximo post.

16 de enero de 2012

La publicidad

Hoy es el día y este es el año que he decidido no publicitarme: ni Páginas Amarillas ni QDQ, ni papel ni nada por el estilo.
Llevo 22 años publicitándome en estos medios y rara vez me ha servido para aumentar mis consultas. Reconozco que es un medio para quien me busque me encuentre, pero dudo que alguien elija su psicólogo clínico, ante quien va a desnudar su alma, en una publicaciones como estas. Son medios útiles para buscar un electricista de urgencia, un técnico que repare algún electrodoméstico y dónde queda el taller más cercano. Pero cuando se trata de salud, el boca a boca y las recomendaciones siguen primando.
Se que tengo un poco abandonado el blog, pero este es el momento que retomo con energía renovada el seguir escribiendo. No se si temas teóricos o pasar más a reflexiones terapeúticas.
Espero que quien me busque me siga encontrando.
Saludos y hasta una nueva y pronta entrada.

27 de agosto de 2007

Preguntas más frecuentes sobre los trastornos de ansiedad.

Ya hemos visto que el trastorno de ansiedad no es un solo cuadro sino que dentro de él se sitúan una variedad importante de trastornos.
Las preguntas más frecuentes que suelen aparecer son:

¿Cómo saber si lo que tengo es un trastorno de ansiedad?
Lo más adecuado es acudir al médico cuando notamos en nuestro cuerpo síntomas que se presentan y permanecen con nosotros y no existe una causa que pueda producirlos. El médico será el encargado de descartar cualquier problema fisiológico que pudiera explicar los síntomas que notamos por medio de pruebas médicas. Una vez haya descartado que no hay una causa física que explique dichos síntomas, será el que aportará la necesidad de tratamiento: acudiendo a un psiquiatra si son necesarios los fármacos para aliviar los síntomas y acudiendo a un psicólog@ para tratar el trastorno con una terapia psicológica.

¿Cómo se debe tratar los trastornos de ansiedad?
La terapia que está teniendo mejores resultados es un combinado de tratamiento farmacológico y terapia psicológica.
El paciente necesita calmar sus síntomas por medio de, normalmente, ansiolíticos que alivien su malestar pero también necesita entender qué le ocurre, qué puede hacer (además de tomar fármacos) y qué puede hacer para resolver el espiral de pensamientos negativos-miedo-síntomas de ansiedad en el que se ve inmerso. Esto se realiza por medio de una terapia psicológica que aune técnicas de relajación, información sobre el trastorno que padece y terapia cognitiva para trabajar toda la ideación negativa que ha generado el paciente.

¿Qué ocurriría si no se trata el trastorno de ansiedad?
Por lo general el trastorno de ansiedad si no se trata, tiende a hacerse el centro vital del paciente llegando a condicionar profundamente su vida. Imaginemos una persona que padece un trastorno de ansiedad con agorafobia, si este trastorno no es tratado, la persona que lo padece puede llegar a no poder salir de casa para nada, con todo lo que eso conlleva de problemas psicosociales (no poder trabajar, no poder tener relaciones sociales, no poder establecer una vida con autonomía...).

¿Una vez he tratado un trastorno de ansiedad, puede volver a aparecer?
La ansiedad es una respuesta natural ante los estresores de la vida. Así que si mi vida continúa de una forma normal, si, voy a volver a sentir ansiedad porque me van a ocurrir cosas que me van a estresar (viajes, bodas, mudanzas, despidos de trabajo, separaciones, cambios climáticos, etcétera). Esta ansiedad es normal y la padecemos todas las personas. La diferencia que puede ocurrir es que a las personas que han padecido un trastorno de ansiedad están más susceptibles al notar estos síntomas, les recuerda al trastorno. A veces, vale la pena tener sesiones de revisión, una vez al año, para examinar y refrescar lo tratado en terapia. También hay personas que no han necesitado de este tipo de revisiones y pueden seguir su vida teniendo el trastorno de ansiedad como algo del pasado, resuelto en su totalidad y que sólo forma parte de su memoria utilizando lo aprendido en aquel momento de crisis.

¿Cual es la edad más frecuente en la que se suele padecer los trastornos de ansiedad?
Desde nuestra infancia hasta el último momento de nuestras vidas estamos expuestos a padecer este tipo de trastornos. Nadie está libre, aunque hayan personas más propensas por tener un sistema nervioso lábil, sensible, y que reacciona exageradamente ante los estresores vitales. Pero todas las personas poseemos un sistema nervioso y este se puede 'excitar' debido a nuestra vida, a los estresores que padecemos.

¿Es hereditaria la predisposición a padecer un trastorno de ansiedad?
Es posible que exista una predisposición hereditaria pero si no se dan los estímulos ambientales necesarios, puede que no se desarrolle en la vida.
Lo que si debemos de tener en cuenta es que aprendemos de nuestros padres cómo enfrentarnos a la vida, a los problemas y como vivir las situaciones de tensión. Por lo que sí es posible que de una forma inconsciente vayamos aprendiendo patrones de comportamiento y pensamiento que puedan 'excitar' constantemente el sistema nervioso de tal forma que llegue, en el futuro, a desarrollar un trastorno de ansiedad. Pero esto no es algo matemático. Puede alguien padecer un trastorno de ansiedad y que en su familia no haya ningún otro miembro que lo padezca. Pero si se tiene una familia que nos enseñan lo 'peligroso' que es andar por la calle, o estar a solas....es más posible que se cree una ideación negativa sobre amenazas en el exterior de mi casa que, con el tiempo, es posible que de tanto alterar el sistema nervioso, llegue a propiciar un trastorno de ansiedad.

¿Por qué se suele presentar más en mujeres que en hombres?
No se puede afirmar algo tan rotundo dado que los hombres, culturalmente, están menos predispuestos a buscar ayuda para 'sus problemas' mientras que las mujeres no consideran ningún problema para su 'ego' buscar ayuda. Mostrar debilidad para las mujeres es algo que va casi unido a su género mientras que para los hombres mostrar debilidad es atentar contra su mandato de género. Aunque las cosas van cambiando a pasos de gigante.
También existe un sesgo profesional de pensar más en problemas psicológicos cuando una mujer acude a la consulta de un médico con síntomas sobre malestar mientras que esto no suele pensarse con tanta frecuencia cuando quien presenta esos síntomas es un hombre.

¿Cuánto tiempo necesitaré de tratamiento?
Esto depende de cada paciente. Cada persona tiene un ritmo para hablar con tranquilidad de sus miedos y enfrentarse a ellos. Y este ritmo hay que respetarlo. También depende del tiempo que esté sufriendo el trastorno. Será más costoso en la medida que lleve más tiempo pareciéndolo, teniendo en cuenta que más tiempo estamos hablando de años.
Pero una vez iniciado el tratamiento, y con el paso de algunos meses, la mejoría es notable.

¿Puede el trastorno de ansiedad producir otros trastornos?
El trastorno de ansiedad es un trastorno que suele acompañar a muchos otros trastornos psíquicos, por ejemplo los trastornos alimentarios. Pero que aparezcan síntomas de ansiedad no quiere decir que una persona que padezca un trastorno de ansiedad vaya a desarrollar otro tipo de trastornos psíquicos. Al igual que las enfermedades físicas, las enfermedades no se agravan transformándose en otras enfermedades más graves. Se agravan agudizando los síntomas y presentándose estos con más frecuencia.

18 de junio de 2007

Tipos de Ansiedad. El Trastorno Obsesivo Compulsivo.

5. EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO.
La persona que padece un trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) tiene un pensamiento, miedo y/o preocupación repetitiva que intenta superar por medio de la realización de una actividad ritual. Estos pensamientos repetitivos se les denomina obsesiones y las actividades ritualistas, se denominan compulsiones. Estos pensamientos son irracionales y grandes generadores de ansiedad. Las compulsiones nacen como un medio de aliviar dicha ansiedad. Cuando las obsesiones no reciben tratamiento, tienden a hacerse más frecuentes y los rituales, por lo tanto, aumentan su necesidad de realizarse, dado que la ansiedad también ha aumentado, de tal manera que llegan a interferir de manera considerable en las acitividades cotidianas, la vida familiar y las relaciones sociales. En la edad infantil, los pensamientos obsesivos y los rituales tienen un papel especial. Los pensamientos obsesivos ayudan a mantener la atención y los rituales se suelen realizar en conductas de aseo, comidas y protocolo de ir a dormir. Esto les ayuda a escalonar su ejecución y a tener mayor sensación de control y de entendimiento sobre el mundo que les rodea. Los rituales también se dan en la infancia en el desarrollo de los juegos. Cuando se va creciendo, en la adolescencia, se tiende a coleccionar objetos. Todo esto ayuda a socializarse, aprender a estar con los iguales y a aliviar la ansiedad que las nuevas situaciones les provocan. Esto se diferencia de los pensamientos obsesivos de un niño diagnosticado de TOC en que estos son pensamientos indeseados que provocan gran angustia y tienen que ver con propios miedos y los rituales interfieren en la vida, no la facilitan. Si bien puede aparecer este trastorno en la infancia, es más habitual que aparezca en la adolescencia.
Todas las personas en algún momento de nuestra vida podemos experimentar la presencia de pensamientos insidiosos y absurdos que aparecen sin que nuestra voluntad intervenga. Este no es el problema. De hecho muchas personas sanas tienen alguna conducta compulsiva sin que esta dificulte en lo más mínimo su vidam por ejemplo, comprobar varias veces que han cerrado la puerta de entrada, haber quitado el gas, etcétera. Lo importante es cómo nos sentimos y qué hacemos con dichos pensamientos. La mayoría descarta estos pensamientos como absurdos y no les da ningún crédito sobre el mensaje de los mismos. Una persona diagnostica de TOC se cree estos pensamientos como indicativos de alguna verdad ('si algo no ha ocurrido mis pensamientos me anuncian que ocurrirá') es más creen más en la veracidad de los pensamientos obsesivos que la veracidad de la realidad, de los hechos que desconfirman totalmente dichos pensamientos.
Las obsesiones se pueden agrupar según su contenido. Así podemos distinguir:
- Obsesiones de tipo agresivo: miedo a dañar a los suyos, miedo a dañarse a si mism@, miedo a decir palabras malsonantes, a insultar, a dañar a las personas, a cometer crímenes y/o delitos, etcétera.
-Obsesiones de contaminación: miedo a tocar objetos que puedan inocular virus/bacterias, miedo a contraer enfermedades, miedo a los gérmenes, miedo a la suciedad, miedo a las secreciones corporales, etcétera,
-Obsesiones de tipo sexual: miedo a ser homosexual, a ser un pedófilo, a cometer incesto, a hacer insinuaciones promiscuas a personas desconocidas, a tener pensamientos sexuales considerados perversos, etcétera.
- Obsesiones de otras categorías: necesidad de orden, colocación obsesiva de objetos, miedo a no saber hablar, moverse, pensar de forma correcta, etcétera.
Las compulsiones suelen tener que ver con las obsesiones, así si tengo miedo de dañar a los mios, intento que los objetos punzantes como tijeras, cuchillos, no estén a la vista, incluso se puede llegar a eliminar de la casa, si tengo miedo de contaminarme, la compulsión puede ser lavarme las manos frecuentemente, incluso llegar a utilizar alcohol para desinfectarlas mejor. Estas compulsiones alivian momentaneamente la angustia que provocan los pensamientos obsesivos, pero estos vuelven a aparecer por lo que hay que volver a realizar la compulsión, llegando a tal frecuencia que la vida normal se ve dificultada al máximo, pudiendo llegar a no poder realizarla porque las compulsiones ocupan mucho tiempo. Algunas veces las compulsiones son variadas y se deben realizar en un orden determinado para aliviar la ansiedad. Esto son lo que se llama rituales. Estos suelen durar muchos minutos (acercándose a veces a la hora de duración). Dado que son complejos y largos pueden darse errores, y cualquiera de ellos, por mínimo que sea, produce una necesidad de volver a iniciar el ritual.
El trastorno se instala debido a que las compulsiones nacen para aliviar la ansiedad que producen los pensamientos obsesivos pero dado que a estos se les ha dado credibilidad tienden a aumentar la frecuencia de aparición y la angustia que provocan no se ve muy aliviada por la compulsión por lo que esta se tiene que repetir varias veces para que se alivie, y cada vez será mayor el número de repeticiones. Esto crea problemas porque las compulsiones ocupan tanto tiempo que es difícil hacer vida normal.
Las personas diagnosticadas por TOC sufren mucho porque son capaces de ver lo absurdo de sus pensamientos y la poca lógica de sus rituales pero se ven atrapadas en la necesidad de hacerlos para intentar aliviar su ansiedad y no ven otra forma de hacerlo. Además sufren mucho porque la angustia que les producen los pensamientos obsesivos es muy elevada. Se sienten atrapados. Este trastorno, además, puede ir acompañando a otros, así podemos encontrar personas diagnosticadas de depresión y que presentan a la vez un TOC, o tener un trastorno de ansiedad con ataques de pánico y presentar también un TOC. También se da con frecuencia en las personas con trastonos de la conducta alimentaria.

26 de mayo de 2007

Tipos de ansiedad. La fobia social

4. FOBIA SOCIAL.
La fobia social es una fobia específica que por su relevancia se merece (y tiene) una etiquetación y comentario especial.
La fobia social se caracteriza por la aparición de síntomas de ansiedad en situaciones sociales, en situaciones que requieran la relación con otras personas. Estos suelen presentarse en situaciones como hablar en público, hacer alguna 'representación' en público (cantar, hacer alguna obra de teatro, etcétera). Es normal que se sienta cierto grado de ansiedad en estas situaciones pero cuando hablamos de fobia social, el grado de ansiedad es importante. La persona tiene miedo a que su comportamiento o actitud puedan ponerlo en una situación humillante y/o vergonzosa. También teme que sus síntomas de ansiedad sean visibles para quienes le rodean (sudoración excesiva, temblores, etcétera). Entonces las situaciones productoras de ansiedad suelen ampliarse: comer en público, utilizar los servicios, pedir en un restaurante (bar, cafetería...), entrar en un local que no conocen, etcétera.
Como en todas las fobias, dentro de esta también hay grados dependiendo del grado de imposibilidad que provoquen. Cuando la fobia social es generalizada estamos ante la de mayor grado: con esta fobia la persona experimenta ansiedad en todos los contactos que mantenga con cualquier persona que no sea de su grupo más íntimo y siempre que dichos contactos, aunque sean con personas de su grupo íntimo, se den en lugares que el sujeto no siente como propios (los cuales suelen reducirse a su propio domicilio y puede que el de algún familiar allegado y/o amig@). En todas las demás situaciones la ansiedad hace su aparición dejando a la persona con la sensación constante de poca habilidad y de poca gratificación por lo que irá evitando las situaciones que le obliguen a estar en contacto con otras personas, pudiendo llegar a mantener las mínimas relaciones sociales con lo que eso conlleva de agravamiento de la fobia. Incluso cuando los síntomas de ansiedad sean importantes el individuo sentirá la necesidad de detener la situación, deseando que termine de inmediato, incluso huyendo de la misma, teniendo una repuesta de huida. Así el individuo entra en un círculo vicioso: no tengo relaciones sociales porque tengo ansiedad, pero como algún encuentro social tengo porque vivo en un grupo (aunque sólo sea con vecinos o quien le vende el periódico...) estos encuentros le provocan una ansiedad muy elevada por lo que sigue reduciendo los contactos sociales a la mínima expresión quedando sólo aquellos encuentros que le son inevitables, pero teniendo una constante insatisfacción y malestar en dichas situaciones.
Estudios recientes hablan que sobre un 13% de la población ha sentido fobia social en algún momento de su vida. La fobia social suele presentarse en niños tímidos, aunque también puede aparecer por primera vez en la pubertad. Si no se trata tiende a ser determinante en las relaciones del sujeto llevándole a restringir al máximo sus relaciones y llevándole, incluso, a dejar de hacer actividades que le son de agrado por evitar el contacto con otras personas.

13 de mayo de 2007

Tipos de ansiedad. Las fobias

3. FOBIAS ESPECIFICAS.
Las fobias pueden ser e diversos tipos: fobia específica (en esta nos vamos a centrar, comentando también la Agorafobia) y la fobia social (de la que nos ocuparemos en otro momento).
Una fobia específica es un miedo a una situación o elemento. Las más comunes son a volar en avión, a la altura, los perros, los lugares cerrados, el agua, los túneles, los insectos, conducir por carretera, los puentes y la visión de sangre. La fobia es básicamente miedo y aunque el miedo es muy habitual y normal, cuando se convierte en fobia se vuelve un controlador vital. Los miedos, pese a ser irracionales, no suelen influir en la vida de la persona de forma marcada. Cuando hablamos de fobia, ésta llega a controlar y marcar todas las decisiones de la persona. Lo que hace que un miedo pase a ser fobia es:
- la sola idea de pensar en la situación temida genera síntomas de ansiedad, que pueden ser intensos (ansiedad anticipatoria)
- se intenta evitar, por todos los medios, el tener que permanecer en la situación temida (respuestas de huida)
- si la evitación es imposible, y se debe permanecer en ella, puede generar un ataque de pánico
- de esta manera, el miedo fóbico interfiere de forma notable en la vida de la persona que lo experimenta porque va a ser tenido en cuenta en todo lo que la persona deba hacer, decidir, experimentar
- se pensará en la gravedad de la fobia dependiendo de la intensidad de los síntomas de ansiedad que experimenta en la situación y de lo que interfiere en su vida diaria.
Se estima que es el trastorno de ansiedad más frecuente entre la población adulta pero que si no interfiere de forma notable la vida cotidiana, no se suele buscar ayuda para eliminar estos miedos irracionales.
Las personas que experimentan miedos fóbicos, son conscientes de que sus miedos son irracionales, que sus pensamientos negativos, son exagerados y faltos de lógica pero ante sus respuestas fisiológicas no pueden evitar caer en el 'circulo vicioso de la ansiedad' (comentado en otro apunte): "pienso (o estoy) en una situación temida, experimento síntomas fisiológicos de ansiedad, me provocan miedo (pienso que me voy a morir o caer o desmayar) y este miedo aumenta y agrava los síntomas de ansiedad. Como los síntomas van en aumento, sólo veo como posible solución el irme de la situación porque si permanezco en ella no sé donde puede terminar todo este malestar".
La Agorafobia tiene entidad propia por su prevalencia y la angustia que produce. Es el miedo que se experimenta ante situaciones donde nos sentimos atrapados y/o donde escaparnos sería difícil o embarazoso. Ante estas situaciones aparece la evitación total o la necesidad de estar con alguna 'persona de confianza' para que si ocurriera 'algo' (desmayarme, caerme, morirme...) pudiera socorrerme. Aunque muchas veces esta necesidad vuelve a ser poco lógica: la persona de confianza puede ser un niño pequeño y, en cambio, el sujeto tiene la certidumbre que acompañado por este niño, no va a pasarle nada (de una manera mágica). También suelen desaparecer los síntomas de ansiedad, casi de manera mágica, una vez se ha logrado salir de la situación temida y/o haber llegado a una 'zona de confianza' (que puede ser la propia casa o la casa de otras personas de confianza o llegar a sitio cubierto, una vez abandonada la calle, o entrar en un coche, etcétera). Y esto reafirma la huida como posible solución: "si me siento fatal en una situación y salgo de ella y me siento bien la solución es evitar estas situaciones y/o huir de ellas". El problema es que las situaciones a veces se parecen (un sitio pequeño y cerrado puede ser un ascensor, un coche, una habitación, un avion, un autobús...) y lo que empezó como una fobia a subir en ascensor, por ejemplo, puede ir generalizándose a otras situaciones que se le parezcan. Esto va a ir limitando la vida del individuo hasta sentir su vida totalmente constreñida por el miedo a experimentar ansiedad.

5 de abril de 2007

Tipos de ansiedad. Ansiedad generalizada

2. ANSIEDAD GENERALIZADA.
Cuando se padece ansiedad generalizada, esta aparece menos intensa que en una crisis de angustia pero es más persistente. No aparecen agudizaciones de los síntomas pero si hay un malestar general. Suelen aparecer síntomas como las palpitaciones, los problemas digestivos como la molestia en la 'boca del estómago', ganas frecuentes de orinar, dificultades para respirar, también para hablar y problemas de concentración (por lo que se dan ciertos olvidos o problemas para memorizar) etcétera.
Este tipo de ansiedad puede alternarse con los ataques de ansiedad por lo que entre crisis y crisis el malestar es menor pero no desaparece. Esto hace que cada vez que el sujeto experimenta algún síntoma que le atemoriza más que otros, desencadena una agudización de los síntomas que pueden llegar a la crisis de ansiedad. Además vive con angustia cualquier situación cotidiana: andar por la calle, montar en autobús, comprar en un hiper mercado etcétera, dado que nunca sabe donde podría aumentar su ansiedad y desencadenar una crisis.
Para diagnosticar a alguien de este tipo de ansiedad, hay unos criterios muy estrictos que se deben cumplir. El profesional deberá constatar que se cumplen esos criterios para hablar de ansiedad generalizada.