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13 de mayo de 2007

Tipos de ansiedad. Las fobias

3. FOBIAS ESPECIFICAS.
Las fobias pueden ser e diversos tipos: fobia específica (en esta nos vamos a centrar, comentando también la Agorafobia) y la fobia social (de la que nos ocuparemos en otro momento).
Una fobia específica es un miedo a una situación o elemento. Las más comunes son a volar en avión, a la altura, los perros, los lugares cerrados, el agua, los túneles, los insectos, conducir por carretera, los puentes y la visión de sangre. La fobia es básicamente miedo y aunque el miedo es muy habitual y normal, cuando se convierte en fobia se vuelve un controlador vital. Los miedos, pese a ser irracionales, no suelen influir en la vida de la persona de forma marcada. Cuando hablamos de fobia, ésta llega a controlar y marcar todas las decisiones de la persona. Lo que hace que un miedo pase a ser fobia es:
- la sola idea de pensar en la situación temida genera síntomas de ansiedad, que pueden ser intensos (ansiedad anticipatoria)
- se intenta evitar, por todos los medios, el tener que permanecer en la situación temida (respuestas de huida)
- si la evitación es imposible, y se debe permanecer en ella, puede generar un ataque de pánico
- de esta manera, el miedo fóbico interfiere de forma notable en la vida de la persona que lo experimenta porque va a ser tenido en cuenta en todo lo que la persona deba hacer, decidir, experimentar
- se pensará en la gravedad de la fobia dependiendo de la intensidad de los síntomas de ansiedad que experimenta en la situación y de lo que interfiere en su vida diaria.
Se estima que es el trastorno de ansiedad más frecuente entre la población adulta pero que si no interfiere de forma notable la vida cotidiana, no se suele buscar ayuda para eliminar estos miedos irracionales.
Las personas que experimentan miedos fóbicos, son conscientes de que sus miedos son irracionales, que sus pensamientos negativos, son exagerados y faltos de lógica pero ante sus respuestas fisiológicas no pueden evitar caer en el 'circulo vicioso de la ansiedad' (comentado en otro apunte): "pienso (o estoy) en una situación temida, experimento síntomas fisiológicos de ansiedad, me provocan miedo (pienso que me voy a morir o caer o desmayar) y este miedo aumenta y agrava los síntomas de ansiedad. Como los síntomas van en aumento, sólo veo como posible solución el irme de la situación porque si permanezco en ella no sé donde puede terminar todo este malestar".
La Agorafobia tiene entidad propia por su prevalencia y la angustia que produce. Es el miedo que se experimenta ante situaciones donde nos sentimos atrapados y/o donde escaparnos sería difícil o embarazoso. Ante estas situaciones aparece la evitación total o la necesidad de estar con alguna 'persona de confianza' para que si ocurriera 'algo' (desmayarme, caerme, morirme...) pudiera socorrerme. Aunque muchas veces esta necesidad vuelve a ser poco lógica: la persona de confianza puede ser un niño pequeño y, en cambio, el sujeto tiene la certidumbre que acompañado por este niño, no va a pasarle nada (de una manera mágica). También suelen desaparecer los síntomas de ansiedad, casi de manera mágica, una vez se ha logrado salir de la situación temida y/o haber llegado a una 'zona de confianza' (que puede ser la propia casa o la casa de otras personas de confianza o llegar a sitio cubierto, una vez abandonada la calle, o entrar en un coche, etcétera). Y esto reafirma la huida como posible solución: "si me siento fatal en una situación y salgo de ella y me siento bien la solución es evitar estas situaciones y/o huir de ellas". El problema es que las situaciones a veces se parecen (un sitio pequeño y cerrado puede ser un ascensor, un coche, una habitación, un avion, un autobús...) y lo que empezó como una fobia a subir en ascensor, por ejemplo, puede ir generalizándose a otras situaciones que se le parezcan. Esto va a ir limitando la vida del individuo hasta sentir su vida totalmente constreñida por el miedo a experimentar ansiedad.

23 de marzo de 2007

Tipos de ansiedad. Crisis de angustia

Cuando una persona padece ansiedad, angustia, puede sufrirla de dos formas: o bien de una manera permanente o a ráfagas intercalándose con momentos de aparente normalidad.
Veamos los tipos de ansiedad con mayor detenimiento.

1. CRISIS DE ANGUSTIA (ATAQUES DE PÁNICO).
Es la aparición de ansiedad de forma repentina y en su nivel más elevado. No suele presentar síntomas previos, por lo que no hay manera de saber cuándo va a aparecer. Puede aparecer incluso durante el sueño, despertándose en plena crisis de angustia.
Estas crisis, el paciente, las vive como indicios de una muerte inminente. Su padecimiento se da a nivel físico con una serie de síntomas: palpitaciones, sudoración, respiración acelerada, presión en el pecho, sensación de ahogo, mareos, molestias digestivas y/o nauseas, aturdimiento, palidez, etcétera. La sensación de presión en el pecho, puede llegar a ser doloroso, notando un fuerte dolor en el pecho. También hay otro tipo de síntomas como el miedo a perder el control, a 'volverse loco', miedo a morir, desrealización, despersonalización y una sensación de extrañeza y de miedo muy intensas.
Las crisis suelen durar unos minutos aunque algunas veces duran algo más. Es tan intensa la sensación de peligro, sobre todo por las sensaciones que tiene de mal funcionamiento del corazón, que el paciente suele acudir a especialistas para buscar la causa de estas molestias, no quedandose tranquilo aunque el médico le verifique que su corazón funciona correctamente. Supone que algo tan intenso, con tanta carga de sufrimiento, es imposible que no tenga una correspondencia orgánica, que no tenga una enfermedad física grave detrás.

El temor a sentir ansiedad

Pese a que la respuesta de ansiedad es una respuesta común, normal, en nuestro organismo, a muchas personas sentirla les produce un temor especial. Cuando experimentamos esas sensaciones de respuesta de huida y/o ataque, nuestro cerebro busca insistentemente un peligro externo que explique dichas sensaciones (en las que las físicas son unas de ellas). Al no encontrar ninguna amenaza ni fuente de peligro, no lo entendemos el por qué de su aparición e interpretamos, entonces, que su presencia corresponde a un peligro físico inminente como podría ser: me estoy muriendo, va a darme algo (malo, desde luego), voy a perder el control, me voy a desmayar, etcétera. Es compresible el temor que se siente ante dichas interpretaciones de los síntomas que experimentamos y la imposibilidad de encontrar las causas que las provocan. A su vez este temor, que se traduce en miedo o pánico, va a generar más síntomas en nuestro sistema nervioso, por lo que va a producir más temor, creándose así una cadena: miedo, síntomas, miedo, síntomas.... Es lo que llamamos 'el círculo vicioso de la ansiedad'; círculo que se autroalimenta generando una escalada de síntomas hasta llegar, en algunos casos, al ataque de ansiedad (ataque de pánico, ataque de angustia).

Sería lógico preguntarse el por qué el sistema nervioso se activa y desarrolla esta respuesta de huida y/o lucha si no hay nada que realmente nos produzca temor o veamos como un peligro. Cuando, sin darnos cuenta, vivimos épocas de mayor estrés o tenemos estresores que acompañan nuestro día a día, esto puede activar el sistema hormonal aumentando la segregación de adrenalina, lo que va a provocar síntomas en el cuerpo teniendo en cuenta que aunque el estresor haya desaparecido, el organismo tardará algún tiempo en volver a encontrar el equilibrio, es decir, al desaparecer el estresor no desaparecen los síntomas de ansiedad al instante. Otro motivo por el que se pueden experimentar síntomas de ansiedad es por tener una respiración rápida, lo que va a provocar una hiper ventilación leve (a la cual nos hayamos acostumbrado) y la consecutiva producción de síntomas de ansiedad. Un tercer motivo es porque el cuerpo cambia y experimenta sensaciones. Al tener una vigilancia del cuerpo y de lo que se siente, estos cambio y sensaciones son tomados como indicios de algo más, con la consiguiente aprensión a notar cualquier cosa, lo que va a provocar miedo.

Por lo tanto, es imprescindible la información de cómo funciona nuestro sistema nervioso cuando se ha dado una respuesta de huida y tener claro que los síntomas que se experimentan son absolutamente inofensivos (aunque poco o nada agradables) y que si esto no lo tengo absolutamente claro, lo más probable es que el cuerpo aprenda que esos síntomas son en sí mismos una amenaza de peligro (al ser desagradable lo vivido, no quiero volverlo a sentir) por lo que va a volver a reproducir una respuesta de huida con el agravante que del cuerpo y de lo que se siente, no se puede escapar, entrando en el ya nombrado 'círculo vicioso de la ansiedad'.

9 de marzo de 2007

Grupos de estresores

Se podría hablar de distintos grupos de situaciones capaces de activar nuestro sistema nervioso, es decir, capaces de producir en nuestro cuerpo una respuesta de huida, de ansiedad. Nos centraremos sólo en los estresores negativos, es decir, cambios o situaciones que etiquetamos como negativos.

Un primer grupo lo formarían aquellas situaciones que a toda la humanidad le provocan una parecida respuesta de huida y el no tenerla, implicaría poner nuestra vida en peligro. En este grupo estaría el fuego, los animales salvajes, etcétera.

Un segundo grupo serían aquellas situaciones que en nuestra cultura sabemos que son peligrosas y que ponen en peligro nuestra integridad física y/o psíquica. Por ejemplo oír un chirriar de ruedas (un frenazo), ver cerca de nosotr@s una persona con un arma en las manos, etcétera.

Un tercer grupo lo formarían aquellas situaciones que ponen en peligro mi integridad física, pero sólo a mi. Si tengo alergia a las picaduras de abejas con posibilidad de sufrir un choque anafiláctico, cuando vea una de ellas, mi respuesta va a ser de huida.

El cuarto grupo lo formarían aquellas situaciones que pese a que objetivamente no ponen en riesgo mi vida ni mi integridad física y/o psíquica, las vivo como amenazantes, mi sistema nervioso se activa y su respuesta es de huida como si de ello dependiera mi vida. Este es el grupo de miedos irracionales. No somos conscientes de cómo engrosamos esta lista pero el hecho es que puede incrementarse con nuestros temores e ideas negativas que nos causan miedo. Este grupo debe ser lo más reducido posible y mejor si es inexistente para que en nuestra vida las elecciones y opciones sean tomadas con libertad y desde el 'quiero' y no mediatizadas por nuestros miedos y por nuestros 'no puedo'.

Muchas investigaciones al estudiar los estresores los dividen en físicos, sociales y psicológicos. Los físicos serían el ruido, las toxinas y cualquier sustancia que realiza un impacto en nuestro organismo. A no ser que sea muy severo, el organismo puede adaptarse bien a este tipo de estresores. Los sociales provienen de nuestra interacción con las personas de nuestro entorno. Los conflictos con los demás suelen ser fuente constante de estrés pero al ser externos, suelen estar bastante bien controlados. En cambio los estresores psicológicos están en nuestro interior y comprenden todas las emociones como el miedo, la ansiedad, la autocompasión, los celos, etcétera. Estos sentimientos internos son grandes estresores y cuando se cronifican o intensifican, suelen ser más dañinos que los estresores físicos. La activación emocional es una forma muy lesiva de estrés. Ante ella, nuestro organismo se prepara o bien para luchar o bien para huir, como lo hace con cualquier estresor.

Aunque muchos estresores son incontrolables, no cabe duda que podemos ejercer bastante control sobre nuestra interpretación, nuestra forma de pensar aquellas situaciones que vivimos, por lo tanto, podemos ejercer cierto control sobre nuestra activación emocional, aliviando a nuestro cuerpo su respuesta ante el estrés.