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23 de marzo de 2007

El temor a sentir ansiedad

Pese a que la respuesta de ansiedad es una respuesta común, normal, en nuestro organismo, a muchas personas sentirla les produce un temor especial. Cuando experimentamos esas sensaciones de respuesta de huida y/o ataque, nuestro cerebro busca insistentemente un peligro externo que explique dichas sensaciones (en las que las físicas son unas de ellas). Al no encontrar ninguna amenaza ni fuente de peligro, no lo entendemos el por qué de su aparición e interpretamos, entonces, que su presencia corresponde a un peligro físico inminente como podría ser: me estoy muriendo, va a darme algo (malo, desde luego), voy a perder el control, me voy a desmayar, etcétera. Es compresible el temor que se siente ante dichas interpretaciones de los síntomas que experimentamos y la imposibilidad de encontrar las causas que las provocan. A su vez este temor, que se traduce en miedo o pánico, va a generar más síntomas en nuestro sistema nervioso, por lo que va a producir más temor, creándose así una cadena: miedo, síntomas, miedo, síntomas.... Es lo que llamamos 'el círculo vicioso de la ansiedad'; círculo que se autroalimenta generando una escalada de síntomas hasta llegar, en algunos casos, al ataque de ansiedad (ataque de pánico, ataque de angustia).

Sería lógico preguntarse el por qué el sistema nervioso se activa y desarrolla esta respuesta de huida y/o lucha si no hay nada que realmente nos produzca temor o veamos como un peligro. Cuando, sin darnos cuenta, vivimos épocas de mayor estrés o tenemos estresores que acompañan nuestro día a día, esto puede activar el sistema hormonal aumentando la segregación de adrenalina, lo que va a provocar síntomas en el cuerpo teniendo en cuenta que aunque el estresor haya desaparecido, el organismo tardará algún tiempo en volver a encontrar el equilibrio, es decir, al desaparecer el estresor no desaparecen los síntomas de ansiedad al instante. Otro motivo por el que se pueden experimentar síntomas de ansiedad es por tener una respiración rápida, lo que va a provocar una hiper ventilación leve (a la cual nos hayamos acostumbrado) y la consecutiva producción de síntomas de ansiedad. Un tercer motivo es porque el cuerpo cambia y experimenta sensaciones. Al tener una vigilancia del cuerpo y de lo que se siente, estos cambio y sensaciones son tomados como indicios de algo más, con la consiguiente aprensión a notar cualquier cosa, lo que va a provocar miedo.

Por lo tanto, es imprescindible la información de cómo funciona nuestro sistema nervioso cuando se ha dado una respuesta de huida y tener claro que los síntomas que se experimentan son absolutamente inofensivos (aunque poco o nada agradables) y que si esto no lo tengo absolutamente claro, lo más probable es que el cuerpo aprenda que esos síntomas son en sí mismos una amenaza de peligro (al ser desagradable lo vivido, no quiero volverlo a sentir) por lo que va a volver a reproducir una respuesta de huida con el agravante que del cuerpo y de lo que se siente, no se puede escapar, entrando en el ya nombrado 'círculo vicioso de la ansiedad'.

9 de marzo de 2007

¿En qué consiste la respuesta de huida?

La ansiedad es una respuesta de nuestro organismo ante situaciones de peligro y amenaza. La forma que tiene nuestro cuerpo para prepararse para responder ante ese 'ataque' es activando el sistema nervioso.
El sistema nervioso tiene dos partes: el sistema nervioso simpático y el parasimpático. El primero, el simpático, es el encargado de poner en marcha todos los dispositivos que poseemos para hacer una rápida respuesta de huida (o de ataque, si así fuera preciso). Así aumenta el ritmo cardiaco para conseguir aumentar el caudal sanguíneo y llevar más oxigeno a las zonas que van a entrar en acción: nuestros músculos. Va a acelerar nuestra respiración para aumentar la cantidad de oxigeno en sangre, dilatando ciertos vasos y dejando sin tanto flujo sanguíneo ciertas zonas que no van a entrar en acción: nuestra piel (siendo además una forma de protección porque si realmente fuéramos agredid@s, al tener menor flujo de sangre, nuestras heridas sangrarían mucho menos) y nuestros dedos (por ello somos menos conscientes del dolor o de habernos herido) lo que provoca cierto hormigueo en estas zonas. Al aumentar nuestra respiración y oxigenar ciertos músculos, vamos a sentir una sensación de ahogo e incluso cierta presión en el pecho a la vez que cierta sensación de mareo, visión borrosa, confusión y oleadas de calor. Aunque muy molestas, ninguna de ellas es expresión de nada grave. También aparecen otras sensaciones que provocan menor alarma: sudoración, dilatación de las pupilas, sensación de calor, nauseas, estreñimiento, etcétera. Es decir, para realizar una respuesta de ataque y/o huida, nuestro organismo se prepara en su totalidad.
Fisiologicamente también se dan unos cambios: las glándulas suprarrenales (situadas en los riñones) segregan gran cantidad de adrenalina y noradrenalina para que son los mensajeros químicos encargados de activar y mandar el mensaje a todo el cuerpo.
Una vez el cuerpo se ha activado, hay dos formas de volver a la calma:
1) Estos agentes químicos son destruidos porque ya no son necesarios.
2) Se activa el sistema nervioso parasimpático el cual tiene efectos contrarios al simpático. Es el encargado de la respuesta de relajación y calma.
En ambos casos el cuerpo requiere de cierto tiempo para recuperar el equilibrio y la sensación de bienestar (aunque la sensación también sea de cansancio y fatiga por toda la energía y actividad realizada durante la respuesta de ataque/huida) pero es importante recordar que la ansiedad, todas las sensaciones que tiene, no pueden eternizarse ni llegar a límites dañinos para el organismo. El parasimpático es un regulador del simpático para que éste no se extralimite y fabrique una respuesta tan intensa que fuera lesiva para el cuerpo. Así pues, aunque la ansiedad tiene unas sensaciones desagradables, hay que saber que tienen final y un final sin consecuencias a tener en cuenta.